Ciertas informaciones han creado confusión al tratar de ilustrar, no se sabe si con buena intención o no, sobre los signos capaces de señalar a un drogado: modificaciones en la conducta difíciles de explicar, cambios en el semblante, estallidos de nervios o cólera, aversión a cualquier esfuerzo físico, etc. Con esta información parcialmente verdadera solo se consiguió crear a menudo un clima de sospecha entre padres y educadores.
Conviene desbrozar el terreno antes de hacer afirmaciones apresuradas. Si bien estos indicios pueden denunciar la presencia de droga, no por eso debe llegarse a la conclusión de que toda toda crisis de adolescencia, toda rebelión contra la sociedad o todo estallido de originalidad, se sustentan en la droga.
Hay que estar atentos, si, pero siempre es esencial el dialogo, basado en la apertura y el afecto.
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