Aprende a detectar las primeras manifestaciones de tu hijo adolescente frente a la adicción de drogas
La adolescencia es una de las fases de desarrollo más complejas de la vida del individuo. En esta etapa, se experimentan las primeras manifestaciones de independencia, búsqueda de identidad, se ponen en práctica valores aprendidos en la primera infancia y se desarrollan habilidades que permitirán vivir una adultez plena y responsable. Por tato, es de vital importancia estar atentos a dos factores fundamentales:
° La comunicación familiar, y
° La expresión de afectos.
Cuando los jóvenes reciben apoyo y aliento de los adultos, tienen en sus manos la capacidad de cambiar los modelos de conducta sociales negativos y romper con el ciclo de la violencia y la discriminación que se transmite de generación en generación. Con su creatividad, energía y entusiasmo, los jóvenes pueden cambiar el mundo de forma impresionante, logrando que sea un lugar mejor, no sólo para ellos mismos sino para todos.
La expresión de afectos se refiere a la validación de aquellas experiencias y emociones que van presentando en el trascurso de esta etapa. Hablaremos de sentimientos para referirnos a estados afectivos relativamente permanentes, que se instalan en nosotros y tiñen con su afecto una situación o relación.
Los sentimientos más básicos son: tristeza, alegría, temor, descontento, y cuando algunos de ellos se presentan, afectan la forma en cómo se perciben las cosas.
La diferencia con las emociones radica principalmente en que éstas son de aparición más abrupta, más intensas (rabia, miedo, euforia, etc.), y de corta duración. Por su carácter más intenso, las emociones afectan mucho más las percepciones que los sentimientos que son menos intensos pero más estables en el tiempo.
El temperamento y el estado de ánimo son la base de sentimientos y emociones. El temperamento es una predisposición innata hacia un cierto estilo de comportamiento, y se puede describir como activo-pasivo, irritable tranquilo, entre otros.
Los estados de ánimo son estilos afectivos predominantes en cada persona, independiente de que por momentos presente distintos tipos de sentimientos o emociones. Los estados de ánimo más característicos son el depresivo (más tranquilo, introspectivo, con tendencia a analizar la vida, ver lo malo antes que lo bueno, etc.) y el eufórico (optimista por excelencia, sociable, expresivo, etc.). Estos son polos opuestos, pero en la vida se dan casi siempre con matices. Hay una idea que es importante tener presente.
Los sentimientos no se pueden definir como buenos o malos, uno no escoge si siente pena, rabia o alegría frente a una situación o persona determinada. Es algo que brota en cada uno de manera diferente. Sin embargo, de lo que sí somos responsables es de lo que hacemos o dejamos de hacer con esos sentimientos.
Es probable que al hablar acerca de expresar nuestros sentimientos se nos vengan sensaciones contradictorias. Expresar lo que a uno le pasa no es fácil y, muchas veces, tememos que al reconocer ciertos sentimientos se nos pueda mirar mal, o éstos nos desborden, y/o se nos escape de las manos cierto orden que hemos construido.
Sin embargo, los sentimientos son un tema digno de explorar con los ojos abiertos si lo que buscamos es comprender más este complejo mundo, como también conocernos mejor a nosotros mismos.
La detección de problemas en las hijas e hijos adolescentes, debe atravesar por estar atentos a los sentimientos y sus muy diversas manifestaciones, debemos reconocer cuándo las emociones son parte de un comportamiento disfuncional, asimismo es necesario recordar que el consumo de sustancias puede generar una falsa sensación de alivio y es por ello que debemos tener en cuenta su importancia.